SOCIEDAD · CULTURA CÍVICA
Reconstruir la norma
Marginalidad, desciudadanización y las condiciones materiales del cambio cívico en Cuba
Este expediente somete a examen una frase de circulación amplia sobre Cuba: que al cubano se le perdió la cultura cívica. La rechaza como explicación y propone en su lugar una formulación operativa. Un entorno donde decir la verdad tiene coste, cooperar con desconocidos es arriesgado, el oportunismo es rentable, la participación no produce consecuencias visibles y el discurso público contradice la experiencia cotidiana, produce un repertorio conductual adaptativo: doble moral, cinismo defensivo, desconfianza fuera del círculo familiar, repliegue en la supervivencia privada y percepción de nula eficacia colectiva. La diferencia entre ambas formulaciones no es retórica: la primera señala un defecto de carácter y la segunda señala un conjunto de incentivos, que es lo único sobre lo que se puede intervenir.
El modelo formal trata cada conducta cívica como una decisión con cuatro términos: el saldo material, o coste económico directo de actuar; la sanción social del entorno inmediato; la coherencia identitaria entre la conducta y la imagen que la persona tiene de sí misma; y la expectativa de eficacia, es decir la creencia de que la acción producirá un resultado observable. En el caso cubano, tres de los cuatro están fijados en contra. El corolario es que casi toda la retórica del cambio opera exclusivamente sobre el término identitario, el más barato de manipular y el menos eficaz por sí solo.
Los datos de estado del sistema proceden del VIII Informe sobre el Estado de los Derechos Sociales en Cuba del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, basado en 1.344 entrevistas presenciales en 70 municipios de todas las provincias entre el 8 de junio y el 11 de julio de 2025, con un margen de error de ±2,73 % y un nivel de confianza del 95,45 %. El 89 % de los hogares vive en pobreza extrema, el 78 % quiere emigrar o conoce a alguien que quiere, el 92 % desaprueba la gestión económica y social, y solo el 3,39 % de las personas de 18 a 30 años declara una visión favorable del gobierno. El 3 % menciona el embargo como preocupación. El expediente sostiene que el dato relevante no es la pobreza sino la coexistencia de una desaprobación casi universal con una participación cívica casi nula: esa brecha es la firma de una norma pluralista invertida, donde casi todos piensan algo que casi nadie cree que los demás piensen.
La comparación con la Cuba anterior a 1959 se presenta con una advertencia metodológica explícita: no es posible una comparación cuantitativa rigurosa, porque las series previas son fragmentarias y las posteriores a 1962 emplean Producto Social Global, incompatible con las cuentas nacionales estándar. Se comparan magnitudes puntuales etiquetadas y, sobre todo, estructuras. Lo que se perdió, según la tesis, no fue una virtud moral sino una capacidad instalada de coordinación horizontal: órdenes fraternales con unos 29.000 miembros y más de 300 logias, la Asociación de Dependientes del Comercio de La Habana con más de 76.000 asociados en 1957, al menos 135 sociedades mutualistas sanitarias en La Habana ya en 1927, y una red hospitalaria de 87 centros públicos y 250 privados en 1958.
Cuatro casos externos delimitan lo que es transferible y lo que no. Bogotá redujo su tasa de homicidios de 55 a 25 por cada 100.000 habitantes entre 1995 y 2003 sin aumentar el pie de fuerza policial, aunque el expediente advierte que hubo reformas simultáneas y que no existe identificación causal limpia. Georgia llevó en dos años la proporción de conductores a quienes la policía pedía soborno del 70 % al 1 %, pero por demolición institucional y bajo un gobierno no democrático: solo aplicable en un escenario post-transición. Estonia movilizó 50.000 voluntarios en un solo día de 2008, el 4 % de su población, tras haber mapeado antes 10.656 puntos con teléfonos móviles y reunido más de 500 socios organizadores; es el único caso ejecutable sin cambio político previo. Las transiciones negociadas de España, Chile y Brasil tomaron entre 15 y 25 años y dependieron de cuatro condiciones que hoy están ausentes en Cuba.
El expediente incorpora la literatura sobre ventanas rotas con una corrección importante: la evidencia acumulada indica que reparar el entorno físico produce efectos medibles, mientras que perseguir infracciones menores no los produce de forma significativa. La restauración de terrenos baldíos en Filadelfia redujo un 13,3 % los delitos totales y un 29,1 % la violencia con armas. Un experimento de viñetas del Banco Interamericano de Desarrollo muestra que, ante la misma sanción, el trato respetuoso eleva 18 puntos porcentuales la satisfacción y 11 la disposición a cooperar. La ventana rota mayor, sostiene el texto, es la institucional: una autoridad que incumple sus propias reglas comunica con más fuerza que cualquier grafiti que las normas son para los subordinados.
El cierre propone una secuencia verificable de cuatro fases, de los primeros seis meses a los cinco años, un índice de cinco componentes para medir el avance, una lista de contraindicaciones y una condición explícita de falsación: la tesis quedaría refutada si un piloto controlado a 24 meses mostrara victorias colectivas repetidas y verificables sin aumento medible de la confianza generalizada. No hay que reprogramar culturalmente a la población; hay que construir entornos donde decir la verdad, cooperar, discrepar y actuar cívicamente dejen de ser conductas suicidas o inútiles.
Fuentes: Literatura experimental sobre normas sociales (Science · PNAS · J-PAL) · OCDE · Banco Mundial · OCDH · Rojas · Pedraza
Datos actualizados: 2026-07-28